Tan virtuales o reales como queramos ser

Posted: June 27, 2012 by jennroig in Articles, Spanish
Tags: , ,

Image (Agosto, 2008)

La tecnología avanza a ritmo de vértigo. Google Earth es un programa de Internet que reconstruye el mundo para ser visto desde arriba desde las ventanas de una pantalla de ordenador. Hace zoom desde el espacio exterior y da la sensación de estar en todas partes al mismo tiempo. Cualquier usuario-espectador ve la Tierra desde una posición global, moviéndose en un mundo virtual, construido, digitalizado. Esta experiencia marca, con la mayor dureza, la diferencia entre lo real y lo virtual.

A estas alturas, un ciudadano promedio ha tenido al menos algún tipo de experiencia con el espacio virtual, sea en video-juegos, cíbertiendas, correo electrónico, encuentros en foros y chats, al hacer zapping y construir para sí mismo un todo íntegro a partir de la sucesión veloz de imágenes y frases

El término PROSUMER (producer – consumer) se refiere a esto y se extiende a quienes generan productos a partir de blogs, que cargan audiovisuales en YouTube y participan en proyectos como las Wikis…

Muchos se preguntan lo mismo: ¿qué es el mundo real?, ¿cuál el virtual?, ¿cómo notar las diferencias? Las respuestas  son blanco de debate entre quienes sospechan un juego diabólico y quienes defienden enfoques que aprovechen las nuevas posibilidades como medios de resistencia. Mientras, una dimensión penetra la otra e intercambian influencias.

Fracturas del sistema

En la Europa de 1994, cientos de artistas, activistas y bromistas desencadenaron «un infierno en la industria cultural». Crean a Luther Blissett, un héroe popular, un personaje de doble perfil, real y ficticio. Real porque es el nombre de un jugador de fútbol de procedencia caribeña; ficticio, porque el nuevo Blissett es un seudónimo múltiple, adoptado y compartido por artistas y agitadores. El Blissett Project pretende librar una guerra de guerrillas contra el status cultural imperante. En enero de 1995 asestan el primer golpe. La diana de la burla es Chi l’ha visto, un reality show que busca personas desaparecidas, trasmitido por el tercer canal de la televisión nacional italiana. Luther Blissett llama al programa para denunciar que Harry Kipper, un artista conceptual portugués se esfumó al cruzar la frontera ítalo-yugoeslava. El equipo de realización se lanza tras las huellas de un ser imaginario en el el afán de perseguirlo, llegan hasta Londres. Despilfarran el dinero de los contribuyentes y cuando los autores del proyecto aclaran la verdad, dejan al show en ridículo. La identidad Luther Blissett comienza a ser reconocida como una red organizada y se convierte en un fenómeno legendario.

En México, América Latina, la realidad virtual irrumpe en el espacio real y provoca un hecho sin precedentes. El 1º de enero del ’94, los medios oficiales anuncian como buena nueva la firma del Tratado de Libre Comercio. En respuesta, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) dinamita esta versión. Para ello usa precisamente Internet. La confusión se impone y la población-público demanda más información. Acto seguido, circulan las cartas del Subcomandante Marcos y alrededor suyo se configura una comunidad virtual integrada por seguidores del EZLN. Curiosamente, se une un sector femenino simpatizante. Pero sus razones no son políticas, la causa es que Marcos se compara con Juan del Diablo, el héroe telenovelero del momento, una figura masculina construida sobre valores de valentía, honestidad, fuerza, poesía y ternura.

El punto culminante del proceso viene cuando una movilización repleta El Zócalo. En respuesta a la convocatoria de Marcos, la plaza mayor del país se llena tres veces en una semana y los participantes son jóvenes, adolescentes y universitarios. Se hizo carne la comunidad virtual conformada en torno al Sub, se cuentan en cientos de miles.

Es cierto que durante los días siguientes el movimiento perdió fuerza y terminó desarticulándose. Pero la huella más importante dejada por aquellas jornadas fue que el EZLN configuró algo más: «propició la creación de diversos niveles de comunidad virtual que muestran las posibilidades de otra forma de organización y cambio. Una comunidad que no fue sólo espectadora de una noticia sino actuó como protagonista del suceso. Las redes pueden o no consolidarse, pero aparecieron. Son indicios de un nuevo modo de sociabilidad, de participación y coordinación», como plantea la revista Rebeldía, vocera del propio EZLN.

Dinamita a los muros

Año 2008, el mundo tiene puestos los ojos en la disputa por la presidencia de Estados Unidos. La polémica gira en torno a la posible victoria de uno de los contendientes, el hombre negro de sospechoso apellido árabe, Barack Hussein Obama.

Al inicio de la campaña, las apuestas excluían al joven senador de Illinois. Pero algo en el guión se torció y sucedió lo increíble, Obama venció a Hillary Clinton y quedó como único candidato del Partido Demócrata. Los sondeos de opinión indican una división pareja entre él y McCain, el postulante replublicano. Los ojos del mundo están puestos en los vaivenes de una contienda electoral donde se juega la presidencia del país más poderoso del planeta. ¿Qué puede explicar el ascenso de Obama en la opinión pública? Las razones, una vez más, se ubican también en el espacio virtual.

Entre los diez motivos que aparecen repetidos en varios sitios digitales, se incluyen dos específicamente «virtuales»: su imagen mediática y su vínculo con Matt Santos. Transcurría el 2004, la serie norteamericana El Ala Oeste (The West Wing), cuya trama se desarrollaba en la Casa Blanca, disfrutaba de un altísimo rating.

Encabezados por Eli Attie, el equipo de guionistas perfilaba un personaje a partir de un joven político que les llamó la atención por su discurso en la Convención Demócrata de ese año. El personaje era Matt Santos, un senador caracterizado por su origen mestizo, honestidad, valor, postura antibelicista y interés social y el político que lo inspiró… Obama. Los guionistas escribieron los parlamentos encendidos de Santos basados en las ideas de aquel y cautivaron las audiencias.

Cuatro años después, Eli Attie afirma: «estamos viviendo nuestros guiones». Obama retomó para su campaña las palabras de Santos que resumían sus ideas pero mejor redactadas. Las proclamó en público. El puntillazo para Hillary sobrevino cuando ella le criticó «imitar» literalmente los bocadillos de un personaje televisivo. Él lo admitió abiertamente. Obama comenzó a militar así entre las filas de los simples mortales. Desde esa posición y con el eslógan Yes, we can, convoca a los americanos a creer en sí mismos como gestores de un cambio: «les pido que crean. No en mi habilidad de traer una transformación real en Washington… Les pido que crean en sus habilidades».

Yes, we canEl llamado es tan potente que el líder del grupo afroamericano Black Eye Peas compuso un tema con frases de ese discurso. En el videoclip de la canción –descargable en You Tube– participan estrellas del cine, la televisión y la industria musical norteamericana, entre ellas Scarlett Johansson. Se incrementan las simpatías hacia al candidato demócrata. La reciente declaración de apoyo de los artistas latinos, suma votantes. Falta dejar que pase el tiempo y comprobar si el final de la serie, donde Matt Santos conquista la silla presidencial, se ratifica en el espacio real.

Mientras, en Cuba, La Habana, el mundo virtual reconfigura usos y apropiaciones de determinados escenarios del espacio físico urbano. La avenida G, identificada con sectores como el de los rockeros, viene siendo también lugar de cita para los «jóvenes del chat». Aunque en la Isla no esté disponible la banda ancha y el acceso a la Red es minoritario, comunidades virtuales se dibujan. La céntrica calle es punto de encuentro de cibernautas que departen en foros y chats. El espacio virtual, mitificado por ofrecer la posibilidad de disfrazar la verdadera imagen y promover una interacción artificial, funciona en este caso en reversa. Los internautas pasan de la coincidencia en las redes a la comunicación humanizada, dialógica, cara a cara.

De últimas, las experiencias confirman que, más allá de cuál sea el contexto físico, cultural, político, social o económico que circunde, los medios y el espacio virtual que estos delimitan estará caracterizado y determinado según las estrategias y modos de uso. La gran pregunta sigue siendo la misma: no es qué queremos hacer con las tecnologías o los medios, sino qué clase de personas somos y queremos ser.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s