El Náufrago

Posted: August 7, 2012 by jennroig in Fiction, Spanish
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Despertó. La luz del sol le daba de lleno en la cara y un sonido de olas de mar atravesaba su mente. Se incorporó para evitar la claridad. Notó algo extraño: en lugar de en su cuarto, no había paredes y por techo sólo tenía un cielo azul sin nubes. No fue hasta levantarse completamente que cayó en cuenta del absurdo.

¿Dónde estaba? Recordó quedarse dormido en su cuarto, mientras la voz de la mujer a su lado todavía sonaba. Se la encontró en la barra, la invitó luego a la habitación. Ella era mayor que él, pero todavía en forma. Lo justo para darse el gusto de celebrar con ella el ascenso. Pero el alcohol no había sido como para perder la percepción del espacio, la compañía o el tiempo. El sentido de la realidad. Pero ahora amanecía solo, a punto de mediodía, en una playa que se perdía en la distancia, donde sólo estaban él en su cama.

Shakira2000 ha entrado a la sala de chat.

Tantra: Hace tiempo no te conectabas.

Shakira2000: Tuve que estudiar. Prueba de retórica.La tesis como lógica consustancial del texto.

Tantra: Finalista.

Ante sus ojos, el mar. Un mar de color azul plano que no se interrumpía por profundidades ni bancos de arena. Del otro lado los cocoteros, más allá de la franja de arena. Y luego como telón de fondo la vegetación de jungla que cubría las faldas de la única montaña que se veía. Encima, cielo sin nubes. (El dato “sin nubes” adquirirá importancia en el desarrollo de la narración. Nota del Editor).

Quizás estaba soñando. Y razonó que pellizcarse el brazo no serviría de nada, porque los sueños tienen su propio mecanismo de principio y fin, el cuerpo no los controla. Lo único era armarse de paciencia y esperar por la alarma.

Pero justo cuando se tendió de nuevo bocarriba con la cabeza apoyada sobre los brazos, recordó que no la conectaba nunca si dormía acompañado. De todos modos, por otra parte sabía que tenía el sueño sensible y seguro se despertaba cuando ella despertara. En cuyo caso, concluyó, se fingiría dormido hasta que ella se fuera.

Supuso que si era un sueño, en algún momento, cercano a la erección del amanecer, aparecería la rubia tetona, bronceada, desnuda, con la que siempre soñaba cuando visitaba una ciudad por primera vez.

Pero nada. Parecía que habían pasado horas y ni siquiera lograba dormirse dentro de su propio sueño. Y la picazón del sol que se ponía más fuerte ya le estaba dando a la situación tintes de pesadilla. (El Autor comienza a mostrar interés por crear un clima de suspense, el cual posiblemente no tenga después ningún efecto real en el cuento. Nota del Editor).

Entonces recordó las bromas que había escuchado de millonarios que encerraban a sus amigos invitados, borrachos, en locaciones especiales preparadas para crear la impresión de mundo al revés. Los muebles colgados de un techo con apariencia de piso y en el suelo, las lámparas de luz eléctrica o cualquier cosa que, por lo regular, penda de los cielos rasos; al despertar de una borrachera el pobre desgraciado se encuentra con que va a caer, sin margen de reflexionar cómo llegó allá arriba desafiando la ley de la gravedad. Se le ocurrió que sus amigos podrían haber pensado algo semejante. Mientras dormía, lo habrían trasladado y desde algún rincón estarían espiando sus movimientos. Podrían incluso estar grabándolo para después burlarse a cuenta suya. Aparentó despreocupación.

El tiempo. Eventualmente uno tiene que aceptar que ni las peores bromas durarían tanto. Y ya sentía hambre y sed. Así que se levantó de la cama, se lavó la cara con agua de mar, fría, y tuvo suerte de encontrar un coco caído que le quedaba agua adentro.

Buena cantidad de tiempo pasó golpeando el coco contra una piedra hasta que logró abrirlo y sacarle la masa, que fue su comida del día. De pronto ya era de noche y se dio cuenta que por tonto, tendría que volver a pasarla a la intemperie. Sueño estúpido.

Una nueva mañana. Y con el sol de nuevo en la cara, y comprobarse de nuevo tendido en la cama en el mismo escenario de una playa infinita, un cielo sin nubes y un mar de azul monótono, ya el temor se hace tangible. No sabe de qué tiene más miedo, si de estar despierto, verdaderamente despierto, o loco, verdaderamente loco.

El día transcurrió en buscar una caverna donde dormir guarecido del frío y de una eventual lluvia. Encontró también frutas y trató, sin resultados, de cazar algún animal. Se iba al diablo la dieta balanceada. Fucking city boy.

Nadie vendría a socorrerlo, no a esas alturas. Ya no importaba cómo había llegado allí. En un golpe de esperanza, o de lógica quizás, decidió seguir la orilla de la playa hasta ver dónde llegaba. Marchó largo rato. O poco, tal vez. No sabría precisar el tiempo pasado o la distancia recorrida cuando se vio de nuevo frente a la cama.

En cuanto recuperó fuerzas, decidió subir a la montaña. No era amante a las alturas, pero tenía que saber cómo diables era aquel sitio interminable. Pero llegar a la cima no devolvió respuestas. Sólo más incertidumbre. Todo era simétrico. El norte un espejo del sur, copiado en detalle del este y el oeste. Era una imagen replicada en cuatro cuartos. Él marcaba el centro, el eje de rotación sin traslación.

Extraño, razonó, pero se lo explicó con la alternativa de algún fenómeno óptico. Malos químicos en su cerebro por emanaciones alucinógenas. Distorsión de la realidad. La vista se perdía en el horizonte, sin divisar ninguna señal de otra tierra. (El tiempo psicológico se percibe en la estructura narrativa del relato: prolongar minutos mientras se sintetizan días enteros. Nota del Editor.)

Días, semanas o meses más tarde, aún consternado pero no vencido, entró al mar con la idea de nadar hasta donde le dieran las fuerzas. Le temía a las corrientes, a ahogarse, a ser devorado por algún pez, pero francamente, qué podía ser peor que el absurdo de un náufrago sin barco en una isla circular, simétrica y desierta. Ni siquiera la locura podría ser tan estable en su escenario.

Nadó hasta agotar las fuerzas. Sin embargo, el terror superó al miedo de sentirse desprotegido en medio del agua, agua por todas partes, toneladas, metros cúbicos, porque el paisaje era el mismo, sin cambios no había cambios, había nadado hasta casi morir pero seguía en la orilla. Nada se había añadido a su visión cotidiana. Como si la tierra fuera una imagen tridimensional que se encogiera o agrandara dependiendo de la distancia a la que él se encontrase.

Shakira2000: Me aburre otra historia de naufragio. Ya hay demasiadas.

Tantra: Pero tiene lo nuevo de no tener sentido.

Shakira2000:Sin sentido, el conflicto es injusto, es gratuito. El náufrago sufre sin moraleja.

Tantra:Es el valor de lo absurdo.

Shakira2000:El absurdo no tiene valor. El valor depende del sentido lógico.

Tantra: No en todos los sistemas prima la lógica. El caos es de hecho más común.

Shakira2000 ha abandonado la sala de chat.

De vuelta a la orilla, lloró, imploró a la nada alrededor para que se le levantara el castigo. Prometió que si despertaba al día siguiente en su cuarto no sería más promiscuo, ni arrogante, ni nada de lo negativo que hasta ahora había hecho a conciencia porque sí.

Se construyó un bote rústico. Buscó ramas fuertes que sirvieran como remos. (Otro lugar común, pero como en el caso de los náufragos son escasos los medios de navegación, no restan muchas opciones. Nota del Editor).

Se echó a la mar. Remó tenazmente. Se le ampollaron las manos.Se le escaparon los remos y se resignó a vagar en la corriente, desolado porque la isla, la playa, la cama, seguían allí.

¿Qué isla era? ¿Dónde estaba en el mapa? No quería creer en una isla desconocida en la época de los satélites. Las corrientes deben recorrer caminos, partir de un sitio y llegar a otro, ese es el sentido de los viajes. Era su Isla particular, se atraían mutuamente.

El náufrago, en contra de su voluntad, se resignó al fracaso. (Cabrera Infante sentencia: “cuando la realidad es imposible de ser vivida, no hay más alternativas que la fuga o la esquizofrenia”. Pero el Autor ni siquiera ha explotado las posibilidades brindadas por el paisaje ni las técnicas de percepción de la realidad o en última instancia, las teorías freudianas. Cabe decir que hemos visto malograrse un texto por el contexto de incontenibles alegorías y digresiones postmodernas. Nota del Editor). El sol despampanante, en medio de un cielo sin trazas de nubes, signaba el retorno una vez más.

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