Europa: la basura bajo la alfombra

Posted: August 9, 2012 by jennroig in Articles, Reviews, Spanish
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Reseña inédita, escrita en el marco del Festival Internacional de Periodismo de Perugia 2011.

Herencias de la guerra fría

Algo que llamó la atención desde los primeros actos represivos de Gadafi fue el estira y encoge de los países miembros de la Unión Europea. De un lado, Francia y Gran Bretaña se mostraron más que dispuestas a apretar el gatillo mientras que la indecisión del gigante alemán y la morosidad italiana retardaban el ataque. Washington fue la que terminó por inclinar la balanza, no tanto aquello de aparecer como campeón democrático, sino porque a nadie conviene menos la inestabilidad en el Norte de África y Medio Oriente.

Pero intereses estadounidenses aparte, resulta llamativa la actitud de Italia, que por su pasado como metrópoli de Libia conserva lazos mucho más estrechos con este país. Un libro, Intrigo Internazionale, de los autores italianos Giovanni Fasanella y Rosario Priore, presenta documentación histórica en prueba de que la alianza entre Gadafi y fuerzas políticas en Italia se remonta a décadas. Realmente, este libro arroja mucha más luz sobre el caso que aquellas declaraciones vagas de Berlusconi, entonces primer ministro: “la posición geográfica italiana y su pasado colonial en Libia” dejan “sin sentido una participación mayor de la que se tiene ahora en la contienda”. Sin didas, este volumen saca a la luz la basura que Europa barrió bajo la alfombra. Detrás de los acordes de la novena de Beethoven, el himno de la unidad europea, se esconden historias de tensiones, celos, enfrentamientos y conspiraciones entre las potencias del continente que ahora se olvidan de mencionar.

Es la versión que ningún medio de prensa recogió, y que se cuidaron de traer a colación Cameron o Sarkozy. Es una investigación que da cuenta de que la competencia de los tres países por controlar los recursos petrolíferos al norte de África tiene ya una historia larga.

Entre las acciones de Italia para asegurarse el acceso y control a los yacimientos del crudo, estuvo el apoyo y sustento a Muammar Gadafi.

El volumen devela cómo la mano de los comunistas italianos colaboró en el financiamiento y organización del golpe de estado que en 1969 puso a Gadafi a la cabeza del gobierno libio. Como los materiales de archivo prueban, el golpe fue tramado en un hotel de Abano Terme, en la provincia de Padua.

Por aquel entonces, Italia estaba dividida políticamente entre las fuerzas comunistas que se alineaban con la URSS y la democracia cristiana que pujaba por acercarse al resto del bloque occidental liderado por Washington.

Gadafi sustituyó a Idris, el rey apoyado por Francia y Gran Bretaña. Y vale decir que el cambio de poderes se ejecutó súbitamente, pero no fue sangriento.

Luego, en 1971, Italia demostró nuevamente su respaldo al coronel. La inteligencia  italiana trabajó activamente para descubrir y detener en Trieste una expedición que se dirigía hacia Libia con la pretensión de eliminar a Gadafi. Operación que luego Patrick Seale denominó The Hilton Assignment.

Las políticas y acciones de Gadafi afectaron directamente los intereses franceses, norteamericanos y británicos. Además de sus tempranas relaciones con el poder soviético y su orden de eliminar de territorio libio las bases navales de los poderes occidentales, habrá quien recuerde la ocupación armada de Libia sobre franja de Auzú en el Chad en 1973. El motivo por el cual Chad ha estado siempre en la mira de todos es su riqueza no solo en reservas de petróleo sino de uranio.

Desde entonces, al margen de cómo mudaban las relaciones económicas y políticas entre los principales actores de la región siempre en torno al interés por controlar las ganancias del petróleo, Libia se mantuvo como estable suministradora del crudo para Italia.

 Las huellas del crudo

Otro detalle colateral. Hasta el fin de la II Guerra Mundial el dominio sobre los recursos petrolíferos lo poseían las llamadas siete hermanas. Así se conocían las principales compañías petroleras que se repartían el mercado mundial entre las cuales figuraban las norteamericanas Chevron, Texaco y Esso. Todas habían pactado un mismo acuerdo: la participación de las ganancias otorgada a los países dueños de los yacimientos no debía superar el 50% de las mismas.

Sin embargo, mientras durante la guerra fría la Casa Blanca y el Kremlin se turnaban en defensa y ataque sobre el tablero del ajedrez geopolítico mundial, las potencias periféricas europeas como Francia, Gran Bretaña e Italia mantenían además una agenda aparte. La agenda encabezada por el objetivo del control del petróleo en el área mediterránea.

En dicho contexto, las acciones de un personaje italiano dieron al traste con el pacto histórico de las siete hermanas. Enrico Mattei, fundador y líder de la recién fundada Empresa Nacional de Hidrocarburos –ENI por sus siglas italianas– rompió el acuerdo. Mattei implementó una nueva política que dio ventaja al ceder a los países dueños de los recursos hasta el 75% de los beneficios. Entre los países que prefirieron negociar bajo las condiciones del plan Mattei estuvieron Irán y Marruecos en las tempranas fechas de la década del 50 y posteriormente, entre 1961 y 1962, Sudán, Túnez, Nigeria y por supuesto Libia.

Así Mattei conseguía extender para Italia el control sobre el petróleo norafricano.

El recuento

Ciertamente las tensiones entre los poderes del eje mediterráneo se pierden en el tiempo. A pesar de que la Unión Europea trató de cubrir sus tensiones subterráneas bajo el velo de los intereses comunes y las buenas voluntades, cierto es que en el juego de poderes, o lo que es lo mismo lo que movió acción, seguía y seguirá siendo la carrera por ganar la mayor tajada.

Las interrogantes que surgen ahora de cara al futuro sobre cómo se reconfigurarán los intereses de las potencias, pasan por el crecimiento demográfico en el Norte de África contrapuesto al decrecimiento del otro lado del Mediterráneo, por el creciente peso de China, y por la obligación que impondrá pronto el cambio climático de buscar alternativas energéticas.

El pasado 19 de marzo cayó el primer cohete francés sobre suelo libio. Lo que ha venido después pasa por las subidas vertiginosas de los precios del petróleo y resultó en centenares de norafricanos que para salvar el pellejo huyeron a Europa. Algunos terminaron desperdigados por toda Europa, echándole de paso leña al fuego de las tensiones internas del Viejo Mundo. Quizás uno que otro siga pasando hambre en Lampedusa.

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