Cuarto menguante

Posted: August 26, 2012 by jennroig in Fiction, Spanish, Women don't Cry
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El joven escritor mira la pantalla en blanco. Afuera, del otro lado del cristal de la ventana, se ve una luna en cuarto menguante.

– Pudiera empezar mi novela. Se le ocurre incluso que esa podría ser una buena línea de inicio.

Pero recuerda la clase de dramaturgia del conflicto y termina demasiado abrumado para hacer nada. Para qué. La pregunta siempre lo detiene cuando está a punto de teclear la primera palabra. Para qué.

El joven escritor, por tanto, es un frustrado. Piensa que sería una figura dramática excelente sobre la cual escribir.

Si tan sólo alguien lo notara…

Una música se cuela de alguna parte. Le viene a la mente que su novia estará conectada para chatear. Y la hora acordada era dos horas antes. Revisa, su cuenta está efectivamente apagada. El buzón de correos, también vacío. No hay mensajes nuevos.

El joven escritor irá en busca de la fiesta de donde llega la música.

……………

El ruido del ventilador de techo se eleva sobre el ritmo jazzeado del club de los bajos. Por el ventanal se cuela el resplandor del anuncio de neón azul. Sobre las aspas del ventilador, una araña camina por el techo. De la manija de la puerta cuelga un vestido. Negro, corto. En el piso, debajo, un solo zapato de tacón. Junto a la cama, sobre la mesa de noche, una botella vacía de whisky, un vaso y un cenicero repleto de colillas. La cama huele a sudor. Él duerme. Al lado, ella juguetea con un mechón de sus cabellos rojos. Entre sueños, él atrapa sus caderas. Ella no se mueve. Arriba, la araña se esconde en un agujero del techo.

……………

Jota Pe se asoma por el cristal de la ventana. La luna en cuarto menguante. Rondan ideas, que ella desecha de una en una. Jota Pe no quiere escribir historias que no sirven de nada.

Hay demasiadas cosas que no se entienden y con las cuales uno convive, como el movimiento del mouse.

Acaba de aparecer un mensaje nuevo en la bandeja de entrada.

“Linda Jota Pe, qué quieres saber de mí. Me preguntas por qué no te dije nada antes de irme. Hasta ahora no podía contestarte. Estoy confundido, supongo, y admirado. Eso de ser escritor fue un sueño de allá. Este país era la irrealidad para quienes nunca habíamos traspasado las fronteras, pero una vez que lo pisas se convierte en la realidad y tengo miedo de que no me alcancen las fuerzas para tanto. A veces extraño aquel pasar de días todos iguales. Pero quería crecer. Ojalá hubiéramos podido hacerlo juntos.

No te dije nada porque nunca lo tuve seguro. Y estas cosas no se comentan con nadie. Estuvimos bien, y quise estar así hasta última hora. Pero te aseguro que en el aeropuerto y luego, montado en el avión, miraba por la ventanilla cómo se alejaba la tierra y pensaba en todo. Y lo sigo haciendo. Pero menos. Me obligo a no recordar. Si quieres escribirme, hazlo; pero no tiene sentido contarnos la vida en mensajes electrónicos que ni siquiera dejan la huella de un papel. Sobre todo después de vivirla juntos un rato. Trato de no volverme loco de nostalgia. Para adaptarme tengo que cambiar, desprenderme. Eres de lo que más extraño.

Igual te mando un beso, M.”

……………

El agua se amarillea. El orine cae potente en el inodoro. Unas gotas más y el agua se descarga. El ruido de la portañuela no se escucha opacado por el remolino de agua. El hombre se voltea y se detiene frente a su imagen en el espejo, enmarcada en el fondo blanco y la luz aséptica, blanca. Se lava las manos. El jabón se diluye en el agua que traga el alcantarillado. Se seca cuidadosamente, se ajusta la corbata y se alisa los pliegues del saco. Sale del baño. Observa al camarero que pasa en ese momento frente a la puerta con una bandeja de vasos vacíos. El hombre avanza en dirección contraria entre los invitados. Va hacia la mesa de la joven pelirroja vestida de negro y se sienta junto a ella. Aparenta atender la pregunta del señor de esmoquin. Por debajo de la mesa busca los muslos de la joven. Su mano acaricia la piel interna, incluso sube la falta corta. Mientras, ella enciende un cigarro.

……………

El joven escritor despierta sobresaltado. Mira la pantalla de su ordenador donde el cursor parpadea al final de la última frase. Se da cuenta de que se quedó dormido y olvidó otra vez que su novia lo esperaba para chatear.

Mira por la ventana. Aunque es madrugada, los autos llenan la avenida totalmente iluminada. En el cielo, no hay luna. El joven toma su abrigo y pliega la silla para tener espacio de abrir la puerta y poder salir.

Abajo, echa a andar hacia la esquina. Pasa junto a un negro que toca su armónica sentado en el suelo. El joven se detiene en el semáforo hasta que el hombrecito rojo desaparece y entonces cruza. Le compra un sándwich y una Coca Cola al vendedor del puesto de hot dogs. Se regresa con el pan en una mano y el refresco en la otra.

Sube las escaleras de su edificio. Entra en el apartamento de donde proviene un acorde de saxo. Un chico duerme desnudo en el sofá y otro aspira una pipa, sentado en el piso al lado de una chica pelirroja. Ambos miran como ausentes al recién llegado. La chica absorbe el humo.

De la cocina aparece otra joven. Ella se queda viéndolo un momento, luego toma un abrigo y va hacia la puerta. Desde el umbral voltea a verlo. Él la escucha bajar las escaleras.

Arriba, en la pantalla de su ordenador, aparece que tiene un mensaje nuevo en la bandeja de entrada. El cuarto está vacío y a oscuras. Algo de luz se cuela por la ventana.

……………

Los rayos de luz se cuelan tímidamente entre el tejido de la red. El joven pescador termina de revisar el último tramo, carga la red hasta el bote encallado en la orilla y mira al cielo. Ladea la cabeza al ver nubarrones en el horizonte. Entonces escucha un silbido y voltea. Sonríe al ver la cabecita pelirroja asomada a la ventana abierta de par en par.

Ella se fija en los hoyuelos que se forman en las mejillas del pescador al sonreírle. Le envía un beso en la punta del dedo índice. El pescador hala el bote hacia la playa, sin perderla de vista.

Ella se aparta de la ventana y encima de la mesa encuentra un pedazo de espejo roto. Se compone los cabellos. Encuentra una cicatriz en la sien derecha, oculta bajo el pelo suelto. Deja el espejo bocabajo sobre la mesa. Saca del escaparate una maleta abultada. La deja sobre la mesa y contempla por la ventana la silueta del pescador que lanza la red al agua.

……………

Jota Pe  entra en la sala. Hace un gesto de desagrado por la música. Llegó tarde. Siempre es tarde cuando se oye a Bebo y Cigala. Decide no entrar, y pasos que oye escaleras arriba la instan a subir también. Llega hasta una azotea. Un joven está sentado en el borde, con los pies colgados sobre precipicio. Se sienta junto a él, que la mira y la saluda con un gesto. Ella acepta la colilla del porro que él le brinda. Jota Pe hala el humo con fuerza.

Abajo, la calle desierta se ve oscura.

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