Bellas Artes en Santiago

Posted: November 5, 2012 by jennroig in Articles, Chronicles, Miscellaneous, Spanish, Travels
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(cc jennroig) Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago

Viví en Santiago de Chile durante un año. Debo confesar que no viajé tanto como quise, ni conocí todo lo que hubiera podido, pero sí alcancé a ver algo de lo mucho de interesante que tiene la ciudad.

Subí a sus dos cerros, el Santa Lucía y el San Cristóbal, pasé una tarde en el parque Mahuida, y visité el centro de refugio y rescate de monos que administra doña Elba, pero esas serán historias para otro día.

Para hoy es la de la visita a su Museo de Bellas Artes.

Una amiga me arrastró a la visita, aprovechando que era un día festivo –no recuerdo cuál- cuando todos los museos salen gratis. Empezamos por recorrer el Nacional de Bellas Artes, que se supone concentre una gran muestra de lo mejor de la pintura, escultura, grabados, fotografía, entre otras manifestaciones a nivel nacional.

Y no estuvo mal.

El edificio debe ser de los más hermosos de Santiago, tanto por su arquitectura como por sus alrededores. Cuenta con unas 3000 piezas, entre las que se incluyen obras de autores nacionales e internacionales.

El Museo guarda obras de artistas chilenos que han trabajado a lo largo de casi dos siglos. Desde Manuel Antonio Caro hasta Balmes, los plásticos chilenos, y aquellos, no pocos, extranjeros asentados en el país, repiten cada cual desde su propia perspectiva de el intento de representar, capturar, su propia mirada del barrio, la ciudad, el país y hasta el carácter del individuo y una época.

Pero uno dice “no está mal”, porque desde la mirada más personal del mundo, digo que podría estar mejor.

Chile es un país grandilocuentemente espectacular y sencillamente hermoso. Tiene climas, cordillera, mar y paisajes para encandilar miradas y complacer gustos. Sin embargo, casi ninguno de los pinceles se molesta en representar las montañas. Los colores de la mayoría de las telas más recuerdan escenas del centro y norte europeo que las de la ciudad santiaguina o las provincias al sur y el norte. No recuerdo haber visto las cumbres nevadas, y tampoco las facciones de una mujer mapuche.

Con la excepción de pinceles como el de Balmes, que a la larga es extranjero, casi se nota una omisión que pasa por falta de sinceridad. Desde la mirada de una extranjera no experta, extrañé ver en la pintura chilena los motivos locales, la búsqueda de la identidad local y más nacional que no puede ser, porque no es, la de una nación europea, con todo y la gran influencia prusiana que allá se respira.

Hay una racha de obras muy interesantes, hechas por allá en las décadas oscuras de la dictadura pinochetista, que se atreven a buscar más allá y encuentran algo genuino, sincero, impactante, que viene de adentro. Pero la presentación es más impresionista que realista, y los temas más intelectuales que emotivos. Llamaba la atención la manera medio torcida en que la sensualidad –sexualidad- se colaba en los trazos.

Otras, las más actuales, se escapan a mi comprensión, tal vez porque me faltan los referentes para entenderlas o empatizar con ellas.

Quizás es que soy cubana, y que tengo a Portocarrero, Lam, Amelia y Víctor, marcando una visualidad y una identidad que son inconfundiblemente autóctonas, por más que tengan las influencias del mundo.

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