Aaron Swartz ha muerto

Posted: January 14, 2013 by jennroig in Chronicles, Miscellaneous, Spanish
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Aaron Swartz

Fue el viernes 11 de enero de 2013 el día que Aaron Swartz eligió para quitarse la vida, ahorcándose en su apartamento en Brooklyn. Por cierto, en Cuba, isla bien pródiga en suicidios, se dice que los hombres se ahorcan y las mujeres se dan candela. Coincidencia. Al día siguiente yo estaba escribiendo una especie de obituario en su homenaje, o por puro resumen informativo, para la publicación alemana Hyperland.

Vi la oferta: 100 Euros por 3500 o 4500 caracteres, y yo no tenía nada que hacer. Sin pensármelo mucho me ofrecí para el trabajo y en menos de una hora, ya tenía más de 20 ventanas abiertas en Firefox para entender quién era este Aaron Swartz, y qué hizo y por qué.

No me imaginé que me iba a pegar tan fuerte. Es trabajo, y yo llevo ya unos cuantos años de oficio. Y creo que en este tiempo me ha tocado escribir de alguna calamidad u otra. Pero nunca sobre la muerte de alguien, de una persona con nombre y apellido, joven, con sueños, miedos, aspiraciones, desafíos… Por alguna razón, aunque nunca conocí, ni siquiera había oído el nombre de Swartz hasta el sábado 12 de enero, pensar en él me sigue dando ganas de llorar.

No porque Aaron era un genio -que sí lo era, y es la única manera de justificarme que alguien con 14 años sea capaz de escribir protocolos de algo como el RSS, que yo ni siquiera entiendo bien qué es. Tampoco porque se hubiera inventado Reddit, total yo no la uso, y me parece mucho menos meritorio que haber colaborado con Lawrence Lessig y Creative Commons cuando tenía si acaso 20 años. No porque hubiera dejado el MIT “porque no le parecía un ambiente lo suficientemente intelectual”, lo cual lo hizo sonar en mis oídos como un snob malcriado, sobre todo porque yo misma tuve el sueño de estudiar en alguna de esas universidades globales, cosa que no conseguí. Empecé a sentir más simpatía cuando empecé a leer su blog, donde empieza a aparecer un ser humano y no un semidios genial del universo web.

Hay que entender que bajo la presión de entregar un texto en un idioma que no es mi lengua madre, de un tipo que no conocía, una empieza a abrir cuanto link aparece con su nombre, pero leer, se lee de a uno. Y mientras estuve leyendo las notas frías del New York Times, o de Los Angeles Times, e incluso de La Tercera de Chile, no me conmoví. Pero Aaron escribió mucho en su blog. Escribió críticas sobre películas como The Dark Night, o dejó claro por qué estaba de acuerdo con el matrimonio gay, y refutó las críticas, reflejó su punto de vista de por qué descargar no puede ser equiparado con robar. Criticó a Bill O’Reilly y a Bush Jr., habló de economía, del derecho a la información, y de libertad. Aaron trabajó duro para influir contra SOPA y PIPA, ya con eso hubiera sido mi héroe. Pero ya después de todo esto hubiera sido imposible no simpatizar con él, más aún, entender que no había sido un snob malcriado, sino una mente brillante, demasiado rutilante para ajustarse o jugar por las mismas reglas que el resto cumplimos, o desobedecemos, pero que en última instancia asumimos.

Luego leí los post de Lessig y de Cory Doctorow, que sí le conocieron. Aaron sufría de depresión. Quizás le golpeaba a menudo, pero sin dudas que el juicio pendiente no ayudó mucho. Aaron tenía causa pendiente por haber descargado millones de documentos de JSTOR, una red de papers académicos, algo que si yo tuviera las habilidades, me encantaría hacer. Y por eso estaba siendo procesado, y de ser hallado culpable le hubieran hecho pagar hasta 35 años de prisión. Carmen Ortiz, US attorney, debe ser un personaje muy oscuro si es cierto que dijo que da igual lo que se robe, información, dinero o productos. Imagino que Carmen nunca se leyó Los Miserables, y no sabe distinguir entre robar por hambre o por avaricia. No sé cómo dormirá Carmen sus noches a partir de ahora.

Pero fue el post en el blog de Quinn Norton, su grito de adiós escrito para Aaron, el que se sintió como bofetada en la cara. Quinn fue su novia, o su amante, o su mejor amiga. Según se nota en su texto, la relación de ambos era difícil de catalogar, como suelen serlo todas las relaciones que valen la pena. Aunque no se mantenían como pareja, Quinn dejó claro que su amor por Aaron se mantenía vivo, en vilo.  Quinn dice que no hay palabras para describir el amor, ni el sentimiento que surge ante la muerte. Tiene razón, por eso tampoco tiene mucho sentido intentar escribir con palabras, o tratar de entender qué pedazo o línea o palabra de todo lo que dijo, me conmovió.

Pero creo que hay algo en lo que dijo Quinn, en su pintura de Aaron, que me dejó pensando estos últimos días. Uno mismo es el propio peor enemigo. La mente es la peor enemiga. Una mente que se va de control, y no deja respirar, y angustia. Aaron era demasiado brillante, y ese es el precio de una gran mente. Una vez que entra en caída libre, no tiene dónde caer sino en el fondo. El fondo para Aaron estaba muy lejos de la superficie. Quizás por eso se suicidó, porque no veía su superficie.

Recuerdo en la universidad una amiga escribió algo sobre el suicidio, para una clase. No recuerdo detalles, pero sí que en algún momento dijo que la razón por la cual nunca se suicidaría era la pura curiosidad, es porque algo le susurraba al oído que justo en el momento que la última gota de sangre se le fuera de las venas, o las pastillas hicieran efecto, o la bala reventara el cerebro, algo iba a cambiar, el motivo de ese final, iba a desaparecer, y entonces, si ya uno no está más, cómo va a saber.

Creo que eso tiene algo que ver con mi dolor por el desconocido Aaron. Él no estará más para saber, para ver. No va a saber si Obama manda a imprimir esa moneda de platino. No va a poder hacer nada para impedir una nueva SOPA. No conocerá a Ada, la hija de Quinn, cuando crezca y se vuelva adolescente y adulta. No verá más a Quinn. No le dará la oportunidad a Quinn de superarlo, dejar de  amarlo, y seguir adelante. Quinn dice que una parte de ella murió con Aaron. Quinn comparará cada hombre en su vida con Aaron. Aaron mató una parte de Quinn.

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Comments
  1. Hola Jenny! Que buen articulo. Yo tampoco sabía quien era el man pero ahora me interesé un poco.
    Saludos!

  2. jennroig says:

    Un amigo me ha dicho: “Por eso siempre hay que dejarle ventanas a la estupidez para que permita escapar la ‘mardá'”

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