Por si vas a Nepal

Posted: February 9, 2014 by jennroig in Fiction, Spanish
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10-the-white-room-10Es una mirada en blanco. O es el blanco de una pared. El blanco aséptico de una clínica, el blanco de las sábanas y los barrotes de la cama metálica. En el techo, la luz fluorescente. La pupila oscura, dilatada, comienza a enfocar.

Julia se recupera de la anestesia. Siente alivio. La urgencia de vomitar desapareció. Pero un instante después siente unas ganas terribles de ir al baño. La lengua se le enreda y no es capaz de pronunciar una palabra en claro a la enfermera, mucho menos decir “llévenme al baño” o “necesito salir de aquí ahora” o “tengo que estar en casa antes de las cuatro”. Julia cierra los ojos,  aprieta los párpados, con la esperanza de que al volverlos a abrir la realidad sea otra.

winter-landscapeVíctor conduce despacio. Trata de evitar los rebotes del carro en los baches de la calle. No sabe cómo se siente Julia, si mejor o peor. Ella no ha dicho palabra desde que salieron. Ni siquiera alcanza a ver si sigue pálida o recuperó los colores porque ella tiene la cara vuelta hacia la ventanilla, como si lo importante estuviera ocurriendo afuera.

A medida que las cuadras quedan atrás, las calles mejoran. Los baches son menos y los árboles sembrados en las aceras a ambos lados de las calles son más. Es primavera y las copas se unen encima para formar arcos verdes. Es un día claro y fresco.

El auto se detiene frente a la casa de dos pisos de la esquina y balcón amplio. Julia repara en la puerta del garaje cerrada. Mira la pizarra del auto: son las dos.

La sorprende su fortaleza física. No esperó a que Víctor le abriera la puerta y se adelantó a abrir la casa sin esperar a apoyarse en su hombro, cuando apenas en la mañana él casi tuvo que llevarla en brazos.

Bernini_Apollo_and_DaphneLuego de entrar Víctor cierra la puerta, despacio, como si repasara movimientos aprendidos en alguna clase de protocolo. O quizás para evitar mirar a la pared del frente, donde está colgado el cuadro enorme de un retrato de una Julia vestida de novia en brazos de un hombre con uniforme de piloto. Un cuadro que no tiene nada que ver con el resto de la decoración fría y minimalista y modernista. Un cuadro inhóspito desde donde el tipo mira al mundo con orgullo de propietario en vez de mirarla a ella, que a su vez tiene la mirada perdida en algún infinito. Pero para Víctor no mirar es imposible. El cuadro es tan inmenso que pareciera ocupar la sala entera.

La ve colgar el bolso en la percha. Por fin cree percibir algo. Ella se siente débil, quizás por eso también se mueve muy despacio. Ha sido capaz de andar sola hasta ahora, pero se detiene delante de la escalera. Ahora él sabe que ella lo necesita. Es como si pudiera sentir el olor de su inseguridad. Es ahora cuando le devuelve una mirada de desprecio al retrato y con pasos seguros llega donde Julia. Sin preguntas la toma en brazos. Sin palabras la sube escaleras arriba, sintiendo adentro una calidez suave cuando ella apoya su cabeza en el hombro y lo abraza.

Julia tiene abrazadas las rodillas, acostada sobre la cama aún tendida. Los ruidos de la calle se opacan bajo el rumor sordo del aire acondicionado. Al otro lado del cuarto, la puerta del balcón está cerrada. Cuando Julia hace por levantarse entra Víctor con una bandeja. Le trae sopa, y pastillas. Antes de incorporarse y recibir el plato y tomar las pastillas, Julia se fija en el reloj despertador de la mesita de noche y ve que falta un cuarto para las tres.

Víctor va por el otro lado de la cama y la destiende. Se acomoda directamente sobre las sábanas. Se afloja el cinturón, se desabotona hasta la mitad la camisa y cruza las manos debajo del cuello cuando apoya la cabeza en la almohada. Pero no se llega a quitar los zapatos y deja los pies que cuelguen fuera de la cama. Pero dura poco en esa posición. Tan pronto como escucha a Julia dejar la bandeja en el piso y volver a acostarse se voltea para estar de frente a ella.

Le gustan los ojos de Julia. couple with babySon grandes, oscuros, de pestañas largas, que encajan perfectamente bajo el arco de las cejas. Le parece ver un brillo cálido en ellos, y por eso comienza a acariciarle la frente, las sientes, la punta de la nariz, la comisura de los labios. La besa. Ella le corresponde. Entonces la abraza mientras hace el beso más intenso.

Pero ella lo interrumpe. Una vez más, Víctor se queda con la sensación de que aunque ya conoce los gestos de Julia, todavía no entiende sus ojos. La oye decir que “ya son las tres”.

–   ¿Lo habrías tenido si hubiera sido mío?

fallen angelVíctor hace la pregunta sin mirarla, quizás pueda deducir  algo del tono de su voz o la entonación, pero intuye que los ojos sólo lo confundirán.

Julia detiene en seco el impulso de la respuesta. La temperatura del cuarto ha bajado. Lo siente en la piel, que se eriza. Vuelve a mirar a la puerta del balcón, aún cerrada con pestillo. Todas las puertas y las ventanas de la habitación están cerradas. Sabe que Víctor la está mirando, pendiente del menor gesto. Toma su anillo de matrimonio de la mesita de noche y se lo pone.

–   No. Tampoco.

Julia se levanta y va directo a la puerta del balcón y sale afuera. Escucha los ruidos de Víctor.  Levantarse, cerrarse el cinturón, pasos apurados, portazo, bajar las escaleras aprisa, pasos que van perdiendo volumen mientras se alejan, y un segundo portazo le avisa que ya está afuera. Julia observa el auto doblar la esquina y perderse de vista. Julia vuelve a entrar.

(c) Lucy Morar - Print 8

(c) Lucy Morar – Print 8

Tres y cinco. Abre el closet. Detrás de un falso fondo hay una maleta. Está a medio llenar. Julia elige algunas mudas de ropa, algunos zapatos, pero la gaveta de la ropa interior la vacía íntegra. Echa por último una bolsa plástica con el pasaporte y otros documentos. Justo antes de que la sorprenda el ruido de la puerta de abajo. El reloj marca un cuarto para las cuatro. Se adelantó. Vuelve a dejar la maleta del otro lado del falso fondo a tiempo antes de que Iván entre y vaya directo hacia ella para cargarla en brazos, llevarla a la cama y hacerle el amor.

Julia está desnuda. Mira a Iván, también desnudo, desarmar sus maletas de viaje tirando las ropas al piso hasta que encuentra un conjunto de bebé.

–   Amarillo, va bien si es niño o niña.

Julia logra sonreírle. Y hasta devolverle el beso cuando él regresa de nuevo a la cama. Se obliga también a corresponderle cuando él vuelve a acariciarla con deseo. Pero Iván se detiene, conteniéndose. Julia suspira con alivio al oírlo decir que tiene hambre y escucharlo que baja las escaleras.

Es de noche. Sola y desnuda, Julia sale al balcón. El poste de luz de la esquina está fundido, y la calle a oscuras. La piel de Julia resplandece a la luz tenue de la luna.

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Comments
  1. Tamara says:

    Mija, que bueno esta esto pa un corto. Hazlo un guion!

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